Croquetas de jamón

¿Merienda con amigos? Estos son los platos perfectos

La merienda es la comida menos reglada del día y por eso funciona tan bien en grupo. No hay primer plato ni postre obligatorio, nadie espera a que lleguen todos para empezar y se puede alargar sin que parezca que estáis cenando a las seis. El único problema es el de siempre: qué se pide.

Cuando sois tres o cuatro, la respuesta rara vez es que cada uno elija lo suyo. Funciona mejor pedir dos o tres cosas al centro e ir picando, y las cartas de Food and Gourmet están montadas justo para eso, con opciones saladas y dulces que se dejan repartir.

Empezad por lo salado

El error más común es abrir con dulce. Si el primer bocado es una tarta, lo salado que venga después sabe raro y ya nadie tiene hambre para nada más. Lo lógico es al revés: primero algo con sal, y el azúcar al final.

Las croquetas caseras son la apertura evidente y el plato que mejor entiende la mecánica de compartir: cada uno coge la suya, no hay que trocear nada y admiten conversación mientras se enfrían. Son también el ejemplo más claro de comida casera bien entendida, esa que no necesita explicación en la carta. Y son de los pocos platos para compartir que funcionan igual con dos personas que con cinco: se pide más cantidad y ya está.

Bocadillos partidos: la forma más práctica de repartir

Un bocadillo entero por persona a media tarde es demasiado. Partido en cuatro y puesto al centro, en cambio, cambia de categoría. En la carta de Puerta de Toledo hay margen para combinar: el bocadillo español con pan rústico y jamón serrano o tortilla de patata, el de pollo milanesa con mahonesa y queso Edam, y el clásico con jamón york y queso o bacon y queso.

Si preferís algo más ligero, los molletes cumplen la misma función con menos volumen. Se pueden completar con jamón serrano, jamón york y queso, atún o pavo, así que con dos o tres variedades distintas ya tenéis una mesa surtida sin que nadie repita bocado.

Docena de churros con chocolate para merendar

Churros y porras, la merienda que no se ha movido de sitio

Hay meriendas que no admiten sustituto. Los churros y las porras siguen siendo la opción por defecto de media tarde en Madrid, y no por nostalgia: son platos para compartir en estado puro, sin cubiertos, sin repartir raciones y sin que nadie tenga que esperar su turno.

Es comida tradicional en el sentido más literal, la que lleva décadas resolviendo la misma situación. Y encaja igual de bien en una mesa de amigos un sábado por la tarde que en una pausa rápida entre semana, con la ventaja añadida de que nadie discute el pedido.

Las tartas, al final y solo una

Aquí está el error del que nadie se libra: pedir tres tartas para cuatro personas. Con una basta, se parte y se prueba. Entre las opciones de la carta están la tarta casera de queso, la de manzana, la de chocolate Toblerone y el tiramisú, y cada una cambia bastante el final de la merienda.

La de queso es la más segura si no os ponéis de acuerdo. La de manzana funciona cuando venís de comer algo salado y contundente. El Toblerone es para quien quiere intensidad, y el tiramisú es la que mejor casa si vais a pedir café detrás.

El café no es el trámite del final

Se pide al final por costumbre, pero decide cómo termina la tarde. En las tres sedes se sirve el mismo grano 100 % ecológico de tueste artesanal, así que un café de especialidad aquí no es una promesa de la carta sino lo que llega a la mesa.

Un café artesanal bien hecho limpia el paladar después de lo salado y aguanta perfectamente al lado de una tarta. Y si en el grupo hay quien no toma lactosa, hay leche de avena, de almendra y de soja, que evita la conversación incómoda de siempre.

Una merienda con amigos no necesita mantel ni reserva: necesita una mesa que no haya que dejar en veinte minutos y un par de platos para compartir bien elegidos. Eso es lo que hace que una cafetería con encanto funcione mejor que una terraza de paso, y por qué encontrar una cafetería en Madrid con esa calma vale más que cualquier carta larga.